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martes, 28 de diciembre de 2010

Actividad 4: Busquemos canciones I

Jorge Bucay es uno de mis autores favoritos. Me encantan sobre todo sus cuentos porque con ellos nos transmite una serie de enseñanzas o moralejas como ocurre en el caso de las fábulas. Es por esto, que me gustaría compartir con todos vosotros/as este auidiocuento, el cual en alguna ocasión se lo he contado a mis alumnos/as y les ha gustado mucho.
El cuento se titula las ranitas en la nata. Os dejo que lo escuchéis, aunque si preferís leerlo, podéis hacerlo más abajo.



Las ranitas en la nata

Había una vez dos ranas que cayeron en un recipiente de nata. Inmediatamente se dieron cuenta de que se hundían: era imposible nadar o flotar demasiado tiempo en una masa espesa como arenas movedizas. Al principio, las dos ranas patalearon con fuerza en la nata para llegar al borde del recipiente. Pero era inútil; sólo conseguían chapotear en el mismo lugar y hundirse una y otra vez. Sentían que cada vez era más difícil salir a la superficie y respirar.
Una de ellas dijo en voz alta:

- "No puedo más. Es imposible salir de aquí. En esta materia no se puede nadar. Ya que voy a morir, no veo por qué prolongar este sufrimiento. No entiendo qué sentido tiene morir agotada por un esfuerzo estéril".
Dicho esto, dejó de patalear y se hundió con rapidez siendo literalmente tragada por el espeso líquido blanco.
La otra rana, más persistente o quizá más tozuda se dijo:

- "¡No hay manera! Nada se puede hacer para avanzar en esta cosa. Sin embargo, aunque se acerque la muerte, prefiero luchar hasta mi último aliento. No quiero morir ni un segundo antes de que llegue mi hora".
Y con esta idea, siguió pataleando y chapoteando siempre en el mismo lugar sin avanzar ni un centímetro, durante horas y horas.
Y de pronto, de tanto patalear y batir las ancas, agitar y patalear, la nata se convirtió en mantequilla.
Sorprendida, la rana dio un salto y, patinando, llegó hasta el borde del recipiente. Desde allí, pudo regresar a casa croando alegremente.

Jorge Bucay


Hay veces que tiramos la toalla ante el primer contratiempo pero la experiencia dice que hay que luchar hasta el último suspiro porque aunque no se consigan los objetivos establecidos nuestras conciencias se quedaran tranquilas.

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